lunes, 26 de septiembre de 2011

Mercado de Santo Domingo







En una sociedad marcada por la atención impersonal y la rapidez, entrar al mercado de Santo Domingo supone poner un pie en un mundo diferente. La gente pasea tranquila por los puestos, se detiene y mira lo que se expone. Todo fresco y natural. Los tenderos saludan a sus clientes. Conocen a la mayoría, saben lo que quieren, cómo y en qué cantidad. Se preguntan por su vida, sus familias y la calidad de lo vendido en el día de ayer. A los demás no les importa esperar a que termine este ritual, dentro de poco será su turno. Nadie parece tener prisa. Para los que tengan urgencia por comprar un par de filetes o un queso, el supermercado Caprabo se encuentra al lado. Este supone, sin duda, entrar de nuevo en el mundo de rapidez, de las personas que apenas se saludan o se miran las unas a las otras, de desconocidos que no desean conocerse. En definitiva, supone volver al mundo real del que nos habíamos evadido por un momento.

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